Tu ya bailas, solo que aún no te has dado cuenta.

Si observamos los gestos y acciones de la vida cotidiana desde un ojo relacionado con la danza, nos daremos cuenta que no estamos tan lejos del baile. Cada mañana al despertarte, como casi todos los seres humanos, haces una secuencia de movimientos que bien se podría parecer a una frase coreográfica. Apagas el despertador, te estiras, te frotas los ojos y retiras la sábana. Pones un pie en el suelo, y a continuación el otro. Vas al baño, te acercas al lavabo y te mojas la cara después de haber abierto el grifo. Cada día igual, y tu sin darte cuenta de que estabas bailando.

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